Sep 172012
 

Redacted no contiene violencia de género, ni falta que hace. Brian de Palma nos incomoda cuando propone una visita al infierno de Irak.

Finalizada la proyección de este film, me pregunto por qué Brian de Palma ha escogido colocar en el bloque final de Redacted una serie de fotos reales que muestran ejemplos del horror sufrido en Irak. Y mi respuesta es que quizá, si estas huellas del mal, se hubieran situado al principio del metraje, hubieran invalidado parcialmente su sentido y ese interés que sí tiene esta película. Porque, ¿puede interesar al espectador seguir el diario de guerra de unos soldados americanos en Irak, sabiendo de antemano que son los responsables de semejantes daños colaterales? Niños desfigurados, hombres y mujeres acribillados, hacinados unos encima de otros, en fotos devastadoras en las que, curiosamente, se han tachado los ojos de las víctimas. Fotos que, por otro lado, usurpan el lugar del testigo, ocultan hechos y tan sólo son huellas de la banalidad del mal. Imágenes que tapan, que no nos dejan ver, como esos ojos que han sido tachados. Rebobinamos, y empieza el film. No esperéis una película de Hollywood, dice alguien mientras graba con su cámara, vamos a mostrar la verdad, lo que ocurre aquí. Sin acción y sin música que lo acompañe. Pero ése es el propósito del personaje, no de la película, que no disimula que es una reconstrucción y utiliza una música bella mientras unas imágenes desaliñadas nos incomodan y plantean un dilema moral. Y es que el hecho de que tan sólo estemos mirando no significa que no formemos parte de lo que pasa.

Sep 142012
 

El cineasta Jaime Rosales reitera y depura los aciertos de su ópera prima, Las horas del día

No hay que ver en su título una descripción de su trama sino más bien un aspecto formal y de puesta en escena. En La soledad, los personajes se presentan la mayoría de las veces reencuadrados, encasillados o separados por el contorno de una puerta, el marco de una ventana o el extremo de un tabique. De forma natural, cada uno de los magníficos actores, actúa en un compartimento dentro de la imagen, en su propia burbuja donde se aísla, mientras los diálogos y la comunicación parecen fluir. Se utiliza un recurso nada habitual (recientemente lo he visto en otra película, Conversations with another women, del 2005) llamado polivisión, recurso que consiste en partir el encuadre en dos imágenes y que permite de forma simultánea ver dos vértices distintos de la misma secuencia. De ese modo, igual que su argumento, que pivota entre dos personajes principales, Antonia y Adela, y la acción, que transcurre tanto en un pueblo rural como en Madrid, sitúa y desorienta al espectador frente un espacio dramático dividido, mientras podemos percibir una historia en la que las secuencias suceden de forma gemela, donde los gestos, incluso los sonidos, riman. ¿No es el ruido de fondo del último plano general de la urbe, que cierra el film, demasiado idéntico a la imagen campestre que lo abre? ¿Querrá decirnos el director Jaime Rosales que el éxodo del campo a la ciudad no se ha producido en realidad y que los sentimientos en uno y otro lado son los mismos?

Sep 112012
 

Los hermanos Coen se olvidan de fórmulas conocidas, de virtuosismos vacíos y consiguen volver a fascinarnos con una película insólita y nueva

Antes que entender porqué esta película de los hermanos Coen se inicia con una historia fantástica de otro tiempo, interpretada por personajes que no volverán a salir, habría que fijarse en las dos imágenes que une: esa puerta que se cierra ante nuestra mirada y ese túnel oscuro que resulta ser el canal de un oído. Algo que parece clausurado en las primeras secuencias, prosigue muy animado siguiendo las vibraciones de un tema de Jefferson Airplane. Un túnel del tiempo se cierne, pero no sólo para conducirnos a un momento concreto, 1967, sino, sobre todo, para trasladar esa lógica propia de los cuentos: donde los fantasmas existen, la verdad deriva en mentira y las cosas suceden porque tienen que suceder. Sin una respuesta clara, sin un solo sentido, ni una sola imagen que no se rompa. Este triple salto mortal que proponen los Coen ha consistido precisamente en jugar en todo momento con secuencias sin resolver, en olvidarse de fórmulas, dejarse de virtuosismos y apostar, más que nunca, por una película insólita y nueva. Sólo de ese modo, consiguen que el protagonista, un hombre serio, alguien que vive sumido en sus creencias religiosas, en un frío raciocinio, tenga algo de interés. Lo encontramos colocado en un contexto anómalo, sí, esquizoide, también, pero todo respira dentro de una estructura narrativa muy sólida que, si bien empieza en un sumidero de ondas sonoras, ese tabique auditivo, acabará derivando en un potente tornado.